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Por qué la profundización de los mercados de renta variable andinos se volvió impostergable
Por qué la profundización de los mercados de renta variable andinos es impostergable
Por Luis Ramos, Gerente de Estrategia de Renta Variable de LV Research
La profundización de los mercados de renta variable andinos no es un objetivo abstracto ni un ejercicio académico. Es, en mi opinión, una condición indispensable para fortalecer y elevar al conjunto del ecosistema financiero de la región.
El mecanismo de transmisión es bien conocido y ampliamente validado: una mejora en la liquidez reduce el costo de capital de las compañías, estimula la inversión productiva, eleva los retornos sobre el capital invertido y, cuando existe una adecuada visibilización de los fundamentos, se traduce en mayores retornos para los inversionistas. Este proceso refuerza el apetito por las acciones y termina configurando un círculo virtuoso que beneficia a todos los participantes del mercado.

El desafío, sin embargo, nunca ha estado en el diagnóstico, sino en la ejecución. Pasar de la teoría a la acción ha sido históricamente complejo. La liquidez no responde a una sola palanca, sino a una red de interacciones donde confluyen variables macroeconómicas, decisiones de política monetaria, desarrollos tecnológicos y marcos regulatorios en constante evolución. Ninguno de estos factores opera de manera aislada. Por el contrario, exhiben una alta interdependencia, lo que implica que los problemas que emergen de este entramado no se resuelven con esfuerzos fragmentados, sino con voluntades que actúan de manera coordinada y con una visión común.
Desde esta perspectiva, sostengo que la mejora de la profundidad de los mercados accionarios andinos requiere una acción colectiva de todo el ecosistema.
Para avanzar en esa dirección, resulta clave identificar las fuerzas que hoy están reconfigurando el funcionamiento de nuestros mercados.
A mi juicio, existen al menos tres factores estructurales que merecen atención prioritaria.
El primero es el auge de la gestión pasiva, tanto a nivel global como regional. Este fenómeno obliga a todos los actores del mercado a dominar el lenguaje de la indexación y a enfocar esfuerzos en la expansión de los universos invertibles. Los ETFs ya no compiten, dominan. La combinación de diversificación, transparencia y eficiencia de costos los ha convertido en un vehículo ineludible. Hoy cerca del 50% del AuM extranjero en la región andina se canaliza a través de fondos pasivos, los cuales explican aproximadamente el 22% de los flujos totales. Son jugadores que mueven la aguja. Entender la lógica de la indexación dejó de ser una opción y pasó a formar parte del vocabulario esencial que define flujos, ponderaciones y narrativas en nuestros mercados.

En el mundo pasivo, comprender las métricas es apenas el punto de partida. Lo verdaderamente relevante es definir un propósito claro. En mi opinión, ampliar el universo invertible es una condición sine qua non para la región. Más liquidez y más compañías que cumplan con los criterios necesarios para ingresar a índices globales permitirán mejorar la visibilidad de nuestros mercados y facilitarán el desarrollo de nuevos vehículos de inversión pasiva. Estos, a su vez, retroalimentan el engranaje de la liquidez y terminan reflejándose en mejores valorizaciones.
Nuestras estimaciones sugieren que la incorporación de una acción a un índice MSCI global podría implicar un re rating cercano a 15% y una mejora en la liquidez del orden de 50% en los doce meses posteriores.
El segundo factor clave reside en las propias compañías. Son ellas las que deben renovar su compromiso con hacer visible su capacidad de creación de valor, a través de narrativas sólidas, una divulgación oportuna y pertinente de los cambios en sus fundamentos, y un engagement sostenido con la comunidad de inversionistas. No debe perderse de vista que, en última instancia, son las compañías las que convierten una mejora en la liquidez en valor económico tangible para los accionistas.
Los movimientos recientes del mercado confirman que el estándar de exigencia ha aumentado. Ya no basta con navegar ciclos favorables; hoy se demanda evidencia de que los fundamentos empresariales pueden sostenerse e incluso fortalecerse en entornos macroeconómicos adversos. En este sentido, la calidad de muchas compañías de la región no está en discusión. Durante 2025, varias de ellas demostraron con claridad su capacidad para cumplir este desafío, lo que ayuda a explicar por qué la performance de los mercados andinos ha superado ampliamente tanto a los mercados emergentes como a los desarrollados.
A mi juicio, los robustos re-ratings observados en la región andina trascienden la mera anticipación de menores tasas de descuento. Más bien, reflejan un mercado que internaliza, con creciente convicción, la capacidad estructural de las compañías para crear valor de forma consistente, incluso bajo escenarios macroeconómicos exigentes.
El tercer factor es el contexto excepcional que hoy enfrentan nuestros mercados. Todo parece alinearse. Vientos externos favorables, términos de intercambio en niveles elevados y monedas locales fuertes configuran un entorno particularmente propicio. A ello se suman giros políticos que reavivan los espíritus animales, impulsan la inversión privada y dinamizan la actividad económica. El tejido empresarial, además, se encuentra mejor preparado para capturar estos vientos y traducirlos en un mayor crecimiento de utilidades.
La cereza del pastel es el proceso de integración regional que viene impulsando Nuam, cuyo objetivo es convertirse en una única llave de acceso a los mercados de Chile, Perú y Colombia bajo reglas de juego homogéneas. Esta integración abre el camino hacia una escala andina verdaderamente relevante, incrementando de manera significativa la visibilidad y el atractivo de la región para inversionistas locales e internacionales, y ampliando el universo de capital disponible.
En definitiva, la profundización de los mercados accionarios andinos no es el resultado de una sola reforma ni de la acción aislada de un único actor. Es el producto de una visión compartida y de esfuerzos coordinados entre inversionistas, compañías, reguladores y plataformas de mercado. El momento es propicio y las condiciones están dadas. La pregunta ya no es si debemos avanzar hacia mercados más profundos, líquidos e integrados, sino si seremos capaces de aprovechar esta ventana histórica con la convicción, la disciplina y la coordinación que el desafío exige.
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