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José Manuel Silva, Director de Inversiones de LarrainVial Asset Management.

11/03/2026
25
6 Minutos

José Manuel Silva: Un aterrizaje de emergencia en un mundo en emergencia

José Manuel Silva: Un aterrizaje de emergencia en un mundo en emergencia

"Un aterrizaje de emergencia en un mundo en emergencia". Así se titula la columna de José Manuel Silva, socio de LarrainVial y Director de Inversiones de LarrainVial Asset Management, en Ex Ante, en el marco del cambio de mando presidencial de Gabriel Boric a José Antonio Kast y el escenario al que el nuevo mandatario se enfrenta.

Léela a continuación:

Se suele decir que el eslogan de campaña de José Antonio Kast sobre el gobierno de emergencia fue un acierto retórico que permitió unir a opositores a la gestión de Gabriel Boric, al plantear necesidades urgentes que emergían de las encuestas (y por lo tanto difícilmente rebatibles) y al evitar cuestiones valóricas o ideológicas que dividen al espectro de la opinión pública desde el centro a la derecha.

Ese argumento tiene implícito que el concepto de emergencia carece de sentido real. Que sólo es un recurso de campaña y que es falso a su vez el concepto de que el país se cae a pedazos. Me gustaría argumentar que la emergencia es mucho más real de lo que muchos creen o quieren creer.

Primero que nada, porque desde el año 2014 en adelante, Chile ha tenido un crecimiento mediocre, por debajo del promedio mundial. Ello le ha costado al país casi US$ 300.000 millones en menor PIB acumulado, según argumenta el economista Manuel Cruzat Valdés en su blog outsider.cl. Esta cifra podría elevarse a casi US$ 500.000 millones si el país hubiese logrado crecer un punto más que el promedio mundial, algo que sí logró Chile entre los años 1987 y 2013. Esto no son sólo números. Los US$ 300.000 millones de menor PIB equivalen a casi un año entero de producción nacional. También equivalen a unos US$ 60.000 millones de menores impuestos recaudados, lo que ubicaría hoy la deuda fiscal a PIB en un nivel más cercano a 10% que el 42%. Eso significaría que la emergencia fiscal que requiere ajustar el gasto fiscal no existiría y que el país podría financiar una agenda social sin problemas.

No cabe duda de que los errores en las estimaciones sobre ingresos fiscales que aquejan a la Dipres se deben a la anemia de crecimiento. Un país que crece poco no logra generar la base tributaria necesaria. Y esta anemia se debe a la profunda agenda redistributiva y regulatoria que fue poco a poco ahogando la capacidad emprendedora que caracterizaba a la economía chilena. Impuestos altos, regulaciones crecientes y mal diseñadas, tienen al país con escaso crecimiento económico. Esta economía sin crecimiento dejó de crear empleos formales bien remunerados y ello unido a un proceso migratorio caótico, tiene a la tasa de desempleo en máximos históricos. Una emergencia laboral como la ha correctamente llamado el economista David Bravo.

El país no se cae a pedazos, pero el techo de la casa ya tiene múltiples goteras y varias veces al día se caen los tapones. Ello, justo cuando el mundo entra en un período de turbulencias con una nueva guerra fría y un desorden mundial que no se veía desde antes de la primera guerra mundial y que hoy, con el petróleo superando los US$ 100 el barril, amenaza el auspicioso panorama de términos de intercambio que visualizaba la administración entrante. En este escenario, Chile necesita un estado que haga bien pocas cosas, y no un árbitro que trata de meter goles y además rediseñar las reglas del fútbol.

Entre las goteras que amenazan la casa y dan un sentido de urgencia a la situación actual podemos señalar la grave situación de la principal empresa chilena, Codelco, sobreendeudada, con altos costos y proyectos estructurales cuestionados. La llamada permisología, encubada por agendas identitarias controladas por minorías y probablemente por intereses de grupos que ven en ella oportunidades de empleo vitalicio y ganancias fáciles. Un sistema judicial cuestionado por escándalos de evidente corrupción (¿ligados a la permisología?). Una demografía en implosión que amenaza con dibujar un país de viejos pobres en pocas décadas. Un proceso migratorio que podría subsanar la urgencia anterior pero que dado su inexistente planificación produce frustración ciudadana. Un estado fofo y sobre dotado que con su anticuado estatuto administrativo hace muy difícil crear un sistema real de metas y objetivos. No es fácil reducir las listas de espera si los jefes de servicio no pueden deshacerse de malos profesionales que deben existir en el sector público como también existen en el privado. ¿O es creíble pensar que todos los funcionarios merecen evaluaciones intachables?

No nos debemos olvidar finalmente de la crisis en términos de seguridad que aqueja nuestra sociedad. Es cierto, Chile no es México. Pero lo preocupante no es la foto, sino que al igual que en la situación fiscal, la preocupación surge de la evolución de la película en los últimos 10 años. Y sobre todo por la inexistencia de un necesario organismo de inteligencia que le entregue un diagnóstico correcto y escenarios posibles a la clase política. ¿Estamos enfrentados a carteles de la droga locales o internacionales? ¿Si son los últimos, reciben apoyo de potencias extranjeras o son brazos de carteles que sólo tienen agendas delictivas? ¿Es esto sólo un problema policial que necesita una modernización de las policías? ¿O es un problema de seguridad nacional en donde requerimos la ayuda de agencias de inteligencia de países aliados y la colaboración de los órganos de inteligencia de las fuerzas armadas? ¿Y cuáles son estos países aliados que poseen inteligencia de calidad y pueden ayudar?

Tenemos también una emergencia política. Hoy parecen olvidarse los intentos fallidos de cambio institucional fuera de la constitución que se trataron de imponer en los aciagos días del 2019. Basta leer algunas de las páginas del libro “Dignos” de Pablo Ortúzar para darse cuenta de que el país se asomó a un abismo de insospechadas consecuencias. Lamentablemente, fueron demasiados los que bregaron por empujarlo sin conocer lo que había al fondo del abismo. Ello es parcialmente el fruto de una clase política atomizada por reformas en el sistema electoral hechas con una gran superficialidad. Así, la buena política se ve chantajeada por grupos minoritarios que con pocos votos tratan de imponer sus agendas. Cambiar este sistema político disfuncional es otra emergencia a la que tendrá que abocarse con inteligencia el futuro gobierno.

Finalmente, todos los desafíos antes mencionados, ocurren como ya señalamos, mientras los misiles vuelan en las fronteras de Europa y la rivalidad geopolítica entre China y Estados Unidos se asoma incluso en el lejano Chile, abollando el traspaso de poder de una coalición a otra. ¿Quién hubiese pensado que las tensiones entre Kast y Boric se gatillarían por un cable de comunicaciones chino y no por agendas valóricas o clásicos discusiones del eje izquierda-derecha? China ha sido un gran inversionista en Chile y es nuestro principal socio comercial. Estados Unidos también es un gran socio y obviamente las afinidades culturales van más por ese lado. Paralelamente, la publicación en noviembre del documento “National Security Strategy” por parte de la administración Trump debe llevar a profundas reflexiones a nuestros equipos de defensa y relaciones exteriores.

Si todo lo anterior no configura un escenario de emergencia no sé lo que es. José Antonio Kast y sus equipos tendrán pocos meses para aprender a jugar ajedrez tridimensional. En el intertanto el mundo seguirá girando al ritmo de Claude, Chat GPT y el estrecho de Hormuz.

 

 

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